En un pueblo muy aislado, entre montañas, había una casa bastante acogedora, por lo que se podía ver desde fuera. Estaba rodeada de árboles y una pinada inmensa, donde lo único que se podía ver era un lago situado justo en medio de una pequeña explanada.
La casa era de madera bastante antigua y con una chimenea por donde casi siempre estaba saliendo humo.
Era pleno invierno y todo estaba congelado. Hasta las últimas gotas de rocío que caían de los árboles se habían convertido en estalactitas.
La entrada de la casa estaba cubierta de hielo que cubría toda la valla de madera y las escaleras para subir y poder entrar.
Dentro de la casa ya era todo diferente, era todo como en miniatura, los vasos eran de arcilla hechos a mano y las sillas de madera y cuerda.
Se notaba que allí tenía que vivir alguien con muchos conocimientos y muy trabajador.Pues así era, en esa casa vivía una pareja de ancianos. Pepe y Pepa.
Pero los años pasaban y no podían valerse por sí mismos, necesitaban a alguien que les limpiara la casa, alguien que les hiciera la comida y ayudara en todo lo que necesitaban.
—¿Qué podemos hacer? —dijo Pepa.
—Pues no sé, mujer, pero algo tendremos que hacer… Yo no puedo hacer las cosas que hacía antes, ni trabajar lo mismo.Las piernas me fallan cada vez mas. —Respondió Pepe, entristecido.
—Es que en esta ladera no hay mucha gente y la que hay está en las mismas condiciones que nosotros —agregó angustiada Pepa.
Mientras hablaban alguien llamó a la puerta.
— ¿Quién? —preguntó Pepe
Pero nadie contestó.
Se fueron a dormir,sin poder arreglar las cosas de la casa, pero al día siguiente...
—Pepe,muchas gracias por esforzarte tanto, no hacia falta que hicieras todo tan temprano. —dijo Pepa emocionada.
—Cariño si yo no he echo nada. — respondió Pepe
—¿Cómo? entonces, quién lo ha arreglado todo? nadie ha entrado.— añadió Pepa asustada.
Un frío extraño invadía la casa, Pepa sentía que algo había allí, pero no tenia ni idea de que podía ser.
Pepe,tenía guardada en un cofre,una llave muy antigua que era de su padre.Abria alguna cerradura pero no sabian cuál.
Al día siguiente alguien tocó de nuevo a la puerta.
— ¿Quién?—preguntó esta vez Pepa
Abrió la puerta, pero no había nadie.
Cuándo fue al salón encima de la mesa se encontró una carta donde decía:
"Si os hace falta mi ayuda, a mi me hace falta la llave que tenéis guardada.Os he arreglado la casa para ver si podía encontrar esa maldita llave, pero no e tenido suerte, espero verla esta tarde encima de esta nota, si no mi ayuda os faltara."
— ¡HO DIOS¡—dijo Pepa angustiada.
Y rápidamente llamó a su marido que estaba en la guardilla.
Le contó todo lo que había pasado.
—No te preocupes, Pepa, que la ayuda que nos ofrece este individuo es mucho más importante que esa llave, esta tarde la pondré encima de la nota. —añadió Pepe.
—Muy bien cariño, si eso es lo único que pide se lo daremos. —dijo Pepa entristecida.
Esa llave llevaba mucho tiempo en esa familia, nadie sabia de que se podía tratar, pero les ayudaría ha poder tener la casa limpia.
Llegó la tarde y volvieron a tocar a la puerta, esta vez más fuerte.
— ¿Quién?—preguntó Pepe.
Pero como las anteriores veces, nadie contestó.
Al rato, la llave desapareció sin saber cómo.
Se quedaron extrañados.
Ya todo había pasado, nadie mas tocó a la puerta y si saber ni quién ni cómo, la casa estaba todos los días limpia y la comida hecha siempre a su hora.
¿Qué puerta abriría esa llave?